Qué es la poesía instantánea

La creatividad es un atributo que se manifiesta generalmente de forma instantánea. La inspiración es un fenómeno que lo hace en su totalidad. Cuando un pintor traza sus ideas en el lienzo, cuando un músico inventa una melodía, cuando un escritor plasma las palabras en el papel, el flujo que se genera desde la mente hasta el objeto-creación es instantáneo. El sujeto puede detenerse, pensar, rectificar pero simultáneamente se encadenan procesos creativos que no se sabe muy bien de donde vienen. Yo escribo estas letras guiado por un discurso pensado en mi cabeza con un propósito de expresar unas ideas, pero esta sucesión de palabras son el resultado de impulsos eléctricos −de mi cerebro a la teclas del ordenador− que ocurren en milésimas de segundo. El resultado podría ser otro. El resultado no puede ser otro. La materialización del pensamiento en acción es un proceso instantáneo. La poesía instantánea es una expresión genuina del proceso creativo que acomete la mente para materializar una idea.

Los autobuses de flores. El tema entra por mis oídos e inmediatamente se produce una catarata de asociaciones: Autobuses de hippies, escolares, pintura, expresión, arte, amarillos, Woodstock, a dónde van los autobuses de flores, de dónde vienen, a quién llevan, autobuses voladores sobre nubes rosas, sin destino ni trayecto preestablecido, que fluya el libre albedrío, volantes de peluche, derrapes dulces, florecen, capullos, primavera mira que linda, paradas bajo setas, personas felices que viajan a la primavera sin atascos ni multas, ese conductor tururú, conductor, conductor con traje oficial de la empresa Amapola SL estampado mariquita, sonidos, cantinela de flauta jilguero, zumbido de abejas, olores, polen, fertilización del trayecto, campo de girasoles…

De este maremágnum elijo una dirección. Normalmente la trazo a partir del primer verso pero conviene establecer el narrador primero, quién habla, yo, ellos, las abejas. Cuando tengo el primer verso extraigo el siguiente y a medida que se va construyendo el poema surgen nuevas ideas o vuelvo a las anteriores. Surgen nuevos torbellinos de asociaciones a partir del desarrollo, del camino que he tomado. A la mitad analizo lo que llevo escrito y me decanto por una dirección concreta para cerrarlo con la mayor coherencia posible.

Estos itinerarios semiconscientes están condicionados por la forma: la estructura, la rima y la prosodia. La iniciativa del poema puede pasar del fondo a la forma y guiarlo hasta el final. O puede ser compartida por ambos. El ritmo puede coger el testigo de la creación y condicionar el siguiente verso.

Siempre he escrito en verso libre. Si escribiese con reglas métricas la forma dominaría demasiado la elaboración. La construcción de la métrica junto con el fondo supondría una tarea de enorme dificultad en escasos minutos, además de torpedear demasiado el flujo libre asociativo mencionado con anterioridad. Esto es espontaneidad, instantaneidad, momento e incertidumbre. Las reglas no casan bien con estas premisas. Para que el proceso funcione se tiene que dejar espacio al inconsciente.

Se requiere mucha concentración y abstracción. Si lo piensas mucho no te decides y te ahogas en la reconsideración pero si no piensas nada te sale una vomitona sin sentido. Como un niño, juego en un balancín entre el consciente y el inconsciente, entre la vigilia y el sueño; que a veces cae más de un lado o del otro. Lo imprescindible es tirarse a la piscina de lo imprevisible sin miedo al planchazo.

Yo no voy a comprar el pan en un estado de consciencia lírico. Igual que cuando escribo en mi cuarto y me sumerjo en una profunda introspección, cuando planto mi tinglado poético en la plaza se ralentiza mi ritmo y entro en un estado de consciencia apropiado para la creación; un estado muy parecido al que precede al sueño. Cuando alguien se acerca a pedir un poema yo ya estoy concentrado y abstraído; influido por una predisposición creativa indispensable para producir esos versos en tan poco tiempo.

A nivel perceptivo y sensitivo, existe un contraste muy fuerte interior/exterior. La escritura es un acto individual e íntimo que se desarrolla normalmente en un cuarto con la menor distracción posible. El llevar este acto solitario a un entorno público –algo de lo que hablaré más adelante− implica coexistir con esas distracciones. Mientras dotas de sensibilidad a lo que escribes te insensibilizas del exterior. Sin embargo ese aislamiento es permutable, primero eres receptivo a los estímulos externos puesto que esperas a que alguien se acerque a pedir un poema y que te guíe con su tema. Además eres sumamente permeable al entorno, lo que se refleja en los poemas. A continuación te enfrascas en ti mismo, olvidas los estímulos externos hasta la total introspección para priorizar tus estímulos internos. Finalmente vuelves a dejar paso a los estímulos externos para interactuar con la persona que lo ha pedido. Este vaivén perceptivo y sensitivo de fuera a adentro y afuera además de ser un contraste muy potente que requiere práctica y esfuerzo, es toda una paradoja. Sacas a la calle la creación poética para nutrirte de lo exterior pero para hacerlo tienes que abstraerte durante minutos de eso mismo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s