Preparativos

Espero recortado con los zapatos puestos sobre la potencialidad. Miro el techo y me pregunto y le pregunto cosas que ya no recuerdo. Espero el suceso del que no soy ajeno sino agente en esta tarde que no ha hecho más que empezar. Espero recostado sobre un colchón de posibilidad e incertidumbre que brevemente será reducido a sueño de palabras y hombres y mujeres. No practico ni medito, me dejo llevar en el tiempo hasta dos horas más tarde o incluso hasta dos meses antes. Llevo sin escribir una semana pero no me importa. Tampoco he revisado la máquina ni los rollos de tinta ni las cuartillas de papel vercurado, algo que sí haré antes de salir de casa. Desvío la mirada de mi techo protector hacia la ventana donde se filtran fractales del afuera. El motor de los coches, alguna bocina, el runrún de un aire acondicionado vecino; todo ello transportado hasta el interior de mi habitación, de mi cabeza, por un tímido viento violín. Ya es la hora sin reloj. Debe de ser la hora por el presentimiento de un invisible jaleo. 

Un reloj natural

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