El error

Normalmente estamos acostumbrados a la comodidad del corrector del procesador de textos que nos alerta de las faltas y nos permite rectificar cualquier error. En la creación poética podemos cambiar el orden, reestructurar, limpiar el texto de conjunciones o artículos odiosos, simplificar, etc. Aquí no. El poema se talla con taladradora, no con cincel, y como salga, salió. Es un acto espontáneo en su totalidad y eso refuerza el aura del poema que sale casi en bruto de la veta madre. No hay margen de error porque no existe el error. Por eso no hay bloqueo. El error es parte constitutiva del poema. La única rectificación posible consiste en volver con la máquina y tachar o reescribir encima. Esos xxxxxx tachones o reescrituras pasan a formar parte indeleble del poema y reflejan la indecisión y vacilación del poeta. Son expresiones de la condición de esta actividad.

Cambio de vida

 

Cambio de vida

 

En órbita predeterminada

transcurre la rutina

de una luna Raquel.

El recorrido

muy temprano

ya se ha vuelto

harto claro

en el papel.

Y es que Raquel

no quiere mapas

ni fechas

ni descansos a la hora de comer.

Raquel quiere sorpresas

como besos sin manillas

y que nada de lo que ya ha sido

vuelva a ser.

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