La pompa compartida del Yo. Yo. Ellos. Ellos.

¿Por qué está ese tipo ahí tan seguro? No parece un loco, bueno un poco, pero no parece el típico charlatán. Ni siquiera nos mira. Ni realiza algún gesto o interacción que revele el porqué, el cómo, el cómo se atreve. ¿Qué es lo que tiene que ofrecer? No me importa, no me interesa, pero paso a paso me acerco a él. Oye qué haces. ¿Poesía?

Elige un tema y yo te escribiré el poema. Aquí, ahora, delante de tus ojos. Tómate tu tiempo, suele pasar.

Encima me dice que me tome mi tiempo, será atrevido. Y ¿qué le digo?

La miro y absorbo diminutas partículas por los poros de mi piel. Sus ojos, sus labios, sus manos, su pelo, su ropa, su manera de hablar, su forma de acoplarse a esta situación extraña para ella y tan común para mí. Es una paciente que entra por primera vez a la consulta dentista a por un empaste de letras. Es desenfadada, se encuentra incómoda, extrovertida, introvertida, sagaz, perspicaz, confiada, mira al suelo agachada, balbucea, atrona de vino y canciones de amor. Las nubes también se pelean. Ojos con ojos. Corrientes eclécticas. Lenguaje mudo y comprensión. Bromas que alivien la tensión. Decisión. Emprendimiento perplejo.

IMG_4151Necesito un tema o varias palabras, una imagen, una impresión, lo que sea; quiero que participes en el poema y que lo hagas tuyo, le digo. Un minuto de fe. De tu consciencia a la mía. De aleatoriedad a arbitrariedad. No ves que en realidad eres tú el artífice de todo esto. Dibuja el poema en tu cabeza, dale vueltas, traza un borrador de sensaciones, de colores y sonidos, de emociones. Sin letras.

Pero yo lo quiero para alguien especial.

Y ¿cómo es? Cuéntame algo.

Es mi novio, llevamos casi tres años, la semana que viene es nuestro aniversario. Él vive en Calma y yo en Desenfreno. Quiero darle una sorpresa. Es rubio y moreno. Como de los dos. Tiene unos ojos… Mi madre le adora.

Volvamos al minuto de fe. En un momento lo tendrás vivito y coleando, articulado. Puesto en escena, vivo como Pinocho. De mi cerebro al tuyo. En un rato lo sacaré del rodillo y lo firmaré despreocupado, apagando el incendio controlado que se ha originado en la nebulosa 22F Norte. Te lo alcanzaré confiado para que explote en tus manos, casando con tu borrador de colores, sensaciones y emociones o no. Desbordando la jaula de las domadas expectativas. Provocando sonrisas y reacciones en la piel. Cobijándose en un marco futuro colgado de la pared.

Es genial. Yo lo había pensado por otro lado pero me gusta mucho. Aún así es extraño, me siento como si lo hubiese escrito yo misma. No sólo son las palabras. Percibo un estímulo latente en el propio poema, en el objeto en sí mismo. Son sensaciones primarias que no consigo descifrar, es un fulgor que emana del papel, como si desprendiese calor.

Gracias.

Pero no es sólo el poema, es todo junto. La Plaza, los gritos de los niños jugando en el parque, tu presencia.

Muchas gracias. Nunca me habían dicho eso.

Ya, de nada, pero es la experiencia en sí misma la que dota de una identidad única a este poema. Una identidad en la que yo también estoy reflejada.

Sí, al acercarte aquí cruzaste una frontera. En lo más recóndito de edificios, calles, cafés y policías; en esta pompa de la poesía el tiempo pierde su sentido y se duerme. Esfumados los años volvemos a la niñez. Y entre nosotros, ya sin verjas adultas florece un vínculo de intensa pero fugaz intimidad. Además en la pompa todos andamos desnudos.

El poder de las palabras

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