Compro oro

Tania… no pongas excusas. Hoy sales a escribir poesía.

Me resigno a la hermosura de obedecer a mi yo más dominante y asiento con la cabeza diciéndome a mí misma… qué suerte la mía que ni siquiera tengo que tomar decisiones.

Me hago un café (doble por supuesto, con un poco de leche y sin azúcar). Miro que todo esté en el carro porque no es la primera vez que me olvido del papel y esas cosas. Cojo el sombrero… el que ahora sólo llevo cuando salgo a escribir, y comienzo a arrastrar por las escaleras uno de los motivos por los que me quiero quedar en Madrid.

Hoy voy a probar un sitio nuevo.

Es que además no me puedo negar porque una noche mi yo dominante (al que a partir de ahora podemos llamar T) me dijo que hiciéramos un trato, a lo Benedetti. Hay que salir de nuestra zona de confort por lo menos una vez a la semana. Si no, nos moriremos de aburrimiento y te dejaré sola (me dijo la muy osada). Y claro, quién le dice que no a una mujer…

El caso es que me fui a la Puerta del Sol.  Joder cuánta gente y menuda solana que hay en la plaza. No sé si este lugar es el adecuado. Pero no, no puedo rendirme tan fácilmente. Entonces vi el rinconcito en la calle Carretas, con sombra y gritando… ¡¡Tania!! ¡¡Tania!! Te estaba esperando. Entonces sonreí y empecé a sacar mis valiosos objetos (bueno en realidad son de mi hermano). La mesa de la Teleteinda, la silla plegable, el cartel nuevo que estuve dibujando el otro día y por supuesto, la máquina.

Señores y señoras, el partido está a punto de comenzar. ¡¡¡Pum!!! Se acerca la primera persona. Quiero un poema para mi sobrino que acaba de terminar la carrera, ha estudiado telecomunicaciones. Muy bien Señora. Lo que usted quiera. Le hago el poema y le digo, oiga señora felicite a su sobrino que yo me acuerdo bien de ese sentimiento cuando uno termina la carrera. Y coge y me dice, y mira dónde estás, a ver si a mi sobrino le va mejor. Y se ríe.

Yo también me río (y le guiño un ojo a T. Ella sabe por qué estoy aquí en la calle, y por qué me da igual no llegar a fin de mes). Empiezo a salirme un poco de mi cuerpo. La gente camina cerca pero muy lejos. Les observo con cadencia… Qué bonitos son los niños que me saludan con sus manitas sonriendo. ¡Qué sonrisas más tiernas y sinceras! Ni si quiera son conscientes de lo que hago, pero me saludan con sus deditos y me siento acogida y comprendida. ¡Qué bonito T! ¿Has visto qué bonito?

¡¡¡Se compra Oro!!!! ¡¡¡Señoreeees se compra Oro!!!! Hola guapa, mira yo quiero un poema sobre el amor. No…… otra vez sobre el amor no. Observo al personaje que tengo delante y lleva un chaleco fosforito que dice: “Juanmi. Compro Oro. Villa&Cuesta joyeros” Entonces se me enciende la chispa y ¡¡pum!! Toma tu poema:

IMG_3236

Juanmi me abraza encantado de la vida y le hace una foto al poema para subirlo al facebook cuanto antes. Bua tía me flipa el poema ¡es la hostia! Se lo voy a enseñar  a mi colega… y se va con una sonrisa que no le había visto desde que me senté en esa esquina a escribir. El sólo gritaba ¡¡¡compro oro, compro oro!!! Y resulta que al final, lo único que quería, era un poquito de amor.

Qué cosas más bonitas T…

Mañana más.

 

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