Primera vez

Como siempre, y como para todo, hay una primera vez.
Aunque ya había ido a escribir al Retiro (a la Feria del Libro principalmente) ayer decidí ponerme en frente del Estanque, un poco intimidada por los músicos y los videntes que me miraban de reojo con cara de… “quién eres, por qué no te he visto antes… y sobre todo, qué llevas en ese carro”. Llevaba tiempo pensando en venir a este lugar la verdad, de hecho todavía me pregunto cómo he podido esperar tanto tiempo… pero bueno a veces reprimimos las cosas más obvias por cuestión de instintos… o vete tú a saber. El caso es que me planté ahí con mi mesita, un poco expectante por ser la primera vez, pero con muchas ganas.

Pasa media hora. Nadie me ha pedido un poema. Sigo escribiendo a ver si por lo menos el sonido de la máquina atrae a algún curioso:

Como siempre, como para todo,
hay una primera vez.
Ya apenas me pongo nerviosa
la mente en blanco
como el papel.
Hoy tengo suerte
me acompaña la música
y estoy tranquila, preparada.
El violín suena más fuerte
lo distingo, es música medieval
¡Qué afortunada!
Las notas brincan
acarician mis palabras
y viajo al pasado
en mi máquina
y la suya de cuerdas afinadas
tonalidades y escalas
y arcos de cabellos de ninfa.
Sí, sí…
Todo es muy bonito.
Pero sigo sin entender cómo hay gente que se atreve a meterse en una barca en el Estanque del Retiro. Seguro que si te caes te sale otro ojo como el pescado radiactivo de los Simpson
Y luego te mueres.

Y llevo aquí más de veinte minutos, y nadie se digna
a pedirme un poema.
En fin…
Hay una chica que me mira
(es muy guapa)
¡No tengas miedo!
Acércate… no seas tímida
Esto no es más que poesía.

Por supuesto no viene. Me digo a mi misma, quién sabe, a lo mejor llega el día en el que me voy a casa sin haber escrito ni un solo poema…. ¿Será hoy? No… ese día nunca llegará. Es algo que me he prometido a mí misma. Si nadie se acerca, tendré que acercarme yo… Si nadie me pide un poema, lo haré yo. Llamaré a cualquier transeúnte alzando mi brazo y le diré con toda la sinceridad del mundo… Mira, hoy nadie me ha pedido un poema. Que te parece si me das un tema y consigues que no me vaya deprimida a casa como una verdadera fracasada. Sí por supuesto señorita… ¡No voy a permitir que eso pase! Y entonces me dará tres palabras (colchoneta, extractor y ácido sulfúrico) y yo seré la persona más feliz del mundo!!!

-¡Hola! ¿Qué precio tienen los poemas?

Miro a la mujer que tengo delante mientras salgo del trance, de las fórmulas y los elementos de la tabla periódica que riman y que puedo usar para el poema del ácido sulfúrico. ¡Esta señora quiere un poema! ¡¡¡¡Qué bien!!!! Hoy no seré una fracasada, si es que ya lo sabía yo desde el principio…

Y así pasó tranquilita la tarde… al final escribí como unos 7 poemas. Que no está mal. Y me fui a casa satisfecha sabiendo que no… que no hay cabida para el fracaso en una actividad como esta. Y que hay días en que te sientes elevado al cuadrado, y otros en los que te conviertes en un logaritmo lleno de corcheas sugerentes que invitan a la fascinación eufórica. O algo así.

Si un día vais caminando, y me veis dividida entre cero. Por favor, dadme un tema.

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