El plagio

El domingo pasado me plagié a mí misma. Esto de escribir en la calle es pura adrenalina…

Un señor que parecía simpático pero que luego resultó no serlo tanto, me pidió este maravilloso tema: “Cuando mejor estaba la cosa… ¡Se esfumó!” (los signos de exclamación son míos). ¿Veis? Lo dicho… maravilloso. Así da gusto, de verdad. No os podéis imaginar lo que aprecio que la gente le eche un poco de imaginación. Yo hago un poema de lo que sea, pero no os negaré que estas cosas me hacen muy feliz.  “Cuando mejor estaba la cosa… ¡Se esfumó!” ¡Oh! Grandilocuiente, magnífico. Extraordinario.

Porque ordinario es: El amor. El tiempo. Mi prima Juanita que ha venido a vivir conmigo a Madrid. La amistad. Dos ingleses en el Rastro. Bla, bla, bla.

Tendríais que haberme visto. Me lancé como una niña se tira de cabeza en una piscina de bolas y empecé a teclear con una enorme sonrisa en la cara. Tic, tic tic. Encantada de la vida. ¡Espléndido, formidable!

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Lo que no os he contado (debe de ser por la emoción) es que el señor me dejó a solas con mi euforia y se metió al bar de la esquina a comer unas raciones de navajas y zamburiñas. ¡Vuelvo en un rato! me dijo. Yo terminé el poema en un santiamén pensando, ¡esto se merece una foto! (Lo sé lo sé, pero es que hay poemas que me gusta conservar). Además, si no no estaríamos  aquí.

Inciso: Acabo de buscar en el diccionario el origen etimológico de la palabra santiamén. Es que cuando la he escrito me ha dado esa sensación que te transmiten algunas palabras de absoluto vacío. Como cuando las repites muches veces y empiezan a perder el significado. Pues resulta que viene del latín. Algunos ya habréis oído eso de “In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti, Amen“. Pues bien, los pecadores que iban a confesarse repetían esta frase al terminar su ablución, y como eran muy vagos de lengua y palabra (pues si no no se confesarían tanto), lo empezaron a acortar sustituyendo el “Spiritus Sancti, Amen” por Santiamén. Alucino.

En fin. Que se acercaron dos italianas de unos cincuenta años para arriba y les enseñé el poema para que vieran un ejemplo de lo que hago. Bueno, Bueno. ¡Estaban más encantadas de la vida que yo! No se por qué me las imaginaba como dos actrices sacadas de alguna peli de Fellini que hoy se han vuelto a juntar y están haciendo algún viaje de esos que siempre quisieron hacer pero que por falta de vejez… nunca hicieron.

Les encantó el poema. Tanto, que me pidieron que hiciera otro parecido, siguiendo la misma línea, pero con ÉL. Sí… el hombre. El hombre que se va para no volver. El hombre que no pertenece a ninguna mujer. Ese.

 elYo lo veía todo así como en escenas de una película muda. Escribía imágenes. Tenía ahí mismo a la italiana desnuda en la bañera, con el poema mojado y la tinta corriéndose gota a gota, escribiendo un hermoso final sobre el agua. Fría. La veía sola, con el pelo corto, fumándose un cigarrillo que él dejó sobre la mesa de la cocina. Con deudas. De las que no se pueden saldar. De las de sexo y ceniza en alguna habitación con goteras.

Antonio López García - Mujer en bañera_thumb[10][Mujer en la Bañera (1968). Antonio López]

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