La Navidad está pasada de moda: ahora se lleva hacer regalos todo el año.

En los últimos días han caído en mis manos una serie de obsequios muy variopintos. Algunas personas me los han dado a cambio de poemas y otras simplemente me los han dejado en la mesa. Empezamos la lista con un pintor callejero al que le escribí un poema sobre Federico García Lorca y a cambio me dio uno de sus cuadros (lo he colocado en la estantería del salón de mi casa).

cuadro

Ese mismo día en la Plaza Santa Ana un señor me pidió un poema sobre el linaje de las estrellas (que de hecho podéis ver en el blog) y como a los quince minutos volvió con este regalo:

 
poema1 (1)poema1 (2)

Este poema lo han hecho dos niños rumanos hijos de un acordeonista que toca por las tardes en la Plaza Mayor (el que siga el blog sabrá por qué estoy tan convencida de que la magia existe y de que todo está conectado). Ellos querían escribir un poema y yo les he propuesto que lo hicieran sobre algo que no les gustara nada de nada:

brocoli

Les he dado este tema porque ayer un tío vestido todo de negro llamado Nicolás que además solía ir al Bukowski y de hecho ahora que lo pienso creo que le vi recitar hace dos años, me pidió un poema sobre la rabia. Luego se sacó un libro sobre una prostituta china del siglo IX d.C. que escribía poesía y arrancó una página al azar. Yo le dije que no lo hiciera pero ya era demasiado tarde. Lo voy a colgar en mi pared.

china2china1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Qué más, qué más… Un poema de un señor muy apasionado con PODEMOS lo cual me hace muy feliz y este otro de una chica que firma como #Pauesía (me imagino que se llamará Paula. O Paulina, o Paulatina, Paupérrima o Pausalidad… oye en estos días no te puedes fiar):

podemospauesia

Luego está este regalo de una mujer que pasó hace un par de domingos por delante de mi mesa y se paró en seco: “¡Anda! Mira, tengo algo que te voy a regalar porque seguro que tú lo vas a necesitar más que yo.” Me quedé un poco perpleja ante tanta exaltación pero he de reconocer que no pude evitar imaginarme todo tipo de objetos supersónicos como si hubiera llegado Papá Noel a decirme lo bien que me he portado este año. ¡Era tipex para la máquina de escribir! Le agradecí muchísimo el detalle, lo único es que a mí me gusta cometer errores (excepto el de tratar de ocultarlos).

tipex

Por último os dejo esta tarjeta. Creo que es mejor no hacer comentarios al respecto. Sólo pediros seriedad. Gracias.

masajes

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