Improvisa

Últimamente siento que la improvisación ha decidido esconderse detrás de los árboles allá donde voy. Se cree que no soy consciente de su presencia pero la siento detrás de mí, a cada mirada, a cada paso. Y cuando me giro, simplemente desaparece. Quiere que escriba, supongo.

No hacerlo no está en sus planes. Tampoco en los míos.

Me he pasado gran parte de mi vida improvisando.
La poesía no iba a ser menos.

Quiero compartir un poema que no fue escrito con la Olivetti para algún transeúnte valiente, sino con un modesto lápiz… y esta vez para mí. Lo escribí en Diablos Azules, siendo Maria Helena la eterna y adorable culpable. A lo mejor eres tú la que se esconde detrás de los árboles. Quién sabe. El caso es que los martes, en la jam de Diablos, Maria Helena siempre suelta un verso para que improvisemos algo antes de comenzar la jam como tal, y el otro día nos contó una historia que tuvo lugar en Bermeo, una pequeña localidad costera del País Vasco que ha tenido la suerte de visitar recientemente. Resulta que no muy lejos de este pueblo hay una isla llamada Ízaro, en la que por aquellos tiempo sólo había un monasterio. Uno de los monjes que allí vivía se enamoró de una muchacha de Bermeo, y todas las noches, ella colocaba una vela en la ventana de su habitación para guiar al joven enamorado, que nadaba sin descanso hasta llegar a tierra firme para pasar la noche con ella. Al cabo de unos días, un familiar de la joven se enteró de su secreto y cambió la vela de lugar. La puso en el borde de un acantilado.

Esa noche los enamorados no pudieron amarse, y nunca más lo volvieron a hacer porque el muchacho murió, probablemente azotado por las olas contra las rocas. Quizá su cuerpo todavía yazca en el fondo de esas aguas iracundas, y la vela, brillando las noches de tormenta.

Tú eres mi luz en Bermeo, dijo Maria Helena. Y yo no quería escribir. No me salían las palabras. Lo único que veía era a un pobre hombre luchando por no ahogarse con una pared de cuarenta metros por delante y el ansia de la vida detrás. El amor estampándose contra la muerte. Esa sensación de saber que no vas a poder salir. Que ya no hay vuelta a atrás. No quería escribir.
Pero lo hice, como siempre hago. Después de cinco minutos con el lápiz en la mano y la hoja en blanco, lo hice. Porque todo en esta vida es digno de ser escrito y yo…aunque últimamente guarde silencio, siempre tengo algo que decir.

tú eres mi luz en Bermeo

Hay incendios de los que sólo se puede salir nadando
tragarse un litro de sal
jugar al escondite con las aletas de los tiburones
y nadar hacia donde brilla la luz
sin retroceder ante la austeridad de las millas náuticas

todo irá bien

si lo que mantiene encendida esa luz
eres tú.

Hay acantilados a los que sólo se puede llegar nadando
y poco importa la muerte
poco importa el miedo de aquellos que temen a la vida
porque tu luz
fue lo único que me sacó de aquella isla

lo que me llevó a afrontarlos
a ellos

a mis propios miedos.

Tania Panés

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