Once upon a time in Granáa

La semana pasada nos dimos un periplo momentoversador por Granada con dos objetivos in mind: improvisar en la calle y recitar en La Tertulia. Ambas cosas novedosas puesto que fuera de Madrid tan solo habíamos momentoversado en Toledo (y fue algo muy light) y porque hasta aquella noche en La Tertulia no habíamos improvisado con la máquina en directo (la calle parece inhóspita pero qué va, mi niño, la calle es un abrigo de baldosas).

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Hacia allí nos dirigimos el martes 16 con la moral alta y el asiento bien reclinado, con compostura. A los mandos de la Frau Greta, la imponente furgo Volkswagen de mi Chloe, de 25 años, 5 metros de longitud y 2 toneladas y media de peso… la furgo.

El camino se hizo largo y caluroso, no voy a mentir. De hecho no salimos de Madrid sino de Cáceres, de un lugar secreto en el medio de la nada. Lo que implica que cubrimos muchos más kilómetros que a la vuelta, por la carretera de Jaén. Lo que implica que Tania se marcó una tumbadita con la Acubal. Sueños on the road.

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Las carreteras extremo-castellano-andaluzas deparan sorpresas como bellas serranías, Fuenteobejuna, pueblos-nido-disneylandia-blanco inmaculado-en altura como Zehures y mucho, mucho socarrat trigueño. Sin embargo, llegamos sanos y salvos y en seguida plantamos la mesita de la teletienda y el tinglado en general en el Paseo de los Tristes, no sin antes visitar, de la mano de Pablo Benavente, maestro de ceremonias, un bareto donde nos pedimos un doble y salimos comidos para dos días.

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El Paseo de los Tristes nos dejó bastante tristes. Quizás es que estamos mal acostumbrados al gentío alegre y afluente del Rastro o que todavía es temprano para comprender las dinámicas granadinas pero lo cierto es que se acercó poquita gente a pedirnos poemas. Aún así escribimos unos cuantos y lo que es igual de mejor, nos encontrarnos con otro poegato ilustre: Nicolás Ramajo Chiacchio, argentino de tecleo infatigable que deleita a los transeúntes con versos de todas clases, incluso eróticos. Yeah.

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Finalmente, La Tertulia. Qué desilusión al entrar en semejante mausoleo y constatar que no había llegado nadie, excepto Pablo y el camarero. Incredulidad. Risa floja. Pablo insistiendo en que los exámenes. Los hombros a tender. Resignación y qué le vamos a hacer. Sus paredes rezumando ecos de los grandes: Benedetti, Almudena, Sabina, Morente, Amigo, González, García-Montero, Alberti, por dios Alberti… y nosotros allí sin público y con una cerveza de consolación en la mano.

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Pero no. Al final vinieron 7 personas más Pablo y el camarero y lo que en mi imaginación iba a ser un teatro lleno, en la vida real se convirtió en un recital muy íntimo y cercano en el que vociferamos versos vehementes e improvisamos en directo para los asistentes por primera vez.

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Gracias a los que vinisteis porque más allá del intercambio aprendimos buenas cosas: que hay que mover más las redes cuando salimos de casa y lo más importante, que cuando se improvisa en directo para un público, aunque se trate de 7 personas, la energía derivada de la atención/expectación que se genera es alucinante y provoca cosas como poemas acerca de rinocerontes remunerados con ilustraciones increíbles que rezan ‘Humanos no gustar’.

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A Momento Verso sí gustar humanos, siempre y cuando no maten rinocerontes, tanto o más como improvisar para ellos en directo sobre un escenario. Seguimos trabajando pues.

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