El nuevo MacBook Pro

Al habla Alejandro.

El domingo pasado volví al Rastro, a nuestro spot de la panadería, al lugar original de nuestra actividad, al lugar primigenio. Y nada más sacar la máquina de escribir se me acercó una abuela y me dijo tengo una igual desde hace 40 años cogiendo polvo en casa… y yo explicándole que es imposible, señora, porque la Hermes Baby que llevo es de los años 90 y que bueno, si usted se ve con ganas, bájese la máquina, póngala aquí al lado y hacemos un tándem lírico. Pero la señora no parecía muy convencida así que se despidió con un que te vaya bien mocete y allí me dejó solo ante el lirismo. En seguida noté como los poderes intangibles de la Hermes comenzaron a actuar.

A veces quiero pensar que soy yo, mis encantos, mi sonrisa, mi energía de la mañana… pero enseguida me doy cuenta. Es ella. Fueron varias las personas que un poema me pidieron y otras varias las que por sus teclas fascinadas quedaron. Entre tanto alguno pasó velozmente soltando un no es antiguo ni na el cacharro ese a lo que yo contesté gentilmente con un pero qué dices muchacho si es el nuevo MacBook Pro. En fin, luego llegó Maria Helena y ya sí que nos pusimos en tándem a escribir, no sin antes viajar un rato desde nuestras sillas.

Y en uno de estos viajes me abstraje de la acción, de la presión que ejercía mi anular en la tecla g y en la tecla o, una y otra vez, y sentí como conectaba con ese pedazo de hierros y metales y plásticos y chapa, con esa al fin y al cabo máquina, y con todas las personas que antes la habían presionado, limpiado y mimado; con todas las historias y poemas que por sus teclas habían cruzado. Sentí momento y sentí ahora utilizando algo tan viejo como el nuevo MacBook Pro y me acordé del reportaje-entrevista de ‘La cadena de la poesía instantánea’ que escribí para la web de El Estado Mental y de una pregunta que se me quedó colgando, una pregunta que de hecho solo contestaron Tania y Antoine Berard, el poeta del que aprendimos nuestro oficio en París. ¿Cómo te sientes cuando escribes con una máquina de escribir?

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Esta es la Olivetti Pluma 22 que bien podría llevar 40 años cogiendo polvo en la casa de la señora pero es que no tengo fotos de la Hermes.

Tania:

“Es algo así como una meditación hardcore porque estás en medio de la calle con cientos de personas pasando delante de ti. El ruido, los coches, la muchedumbre… Todo ello hace que te introduzcas en una burbuja donde no existe el tiempo y donde tus aliados son la palabra y la intuición. Entonces los dedos comienzan a ir solos y las ideas vuelan junto con las imágenes y de repente, ¡pum! Aquí tienes tu poema. Es una experiencia única… Nunca me he expuesto tanto como con momentoverso, y eso que he hecho muchas actividades en la calle como tocar la guitarra o vender artesanías. Esto es diferente. Tienes que escribir el poema sin importar el tema, y no se trata de que venga la inspiración, sino de que se vaya el miedo. Cada vez que salgo a la calle con la máquina, vuelvo a casa conociéndome un poquito más, y eso es lo único que le pido a la poesía: seguir aprendiendo”.  

Antoine

“Me siento fértil. A la punta de mis dedos llega el canto de los golpes sobre el papel. Frente a mis ojos, el poema que se crea, la letras que nunca se imprimen iguales. Frente a mí, mi locomotora desnuda, la traductora fiel de mis palabras”.

Retomo las historias.

Pronto más.

Un abrazo.

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