Voy a escribir un hogar en plena calle

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La poesía ha sobrevivido a la intemperie. La poesía sobrevive en cualquier sitio aunque no sepamos escribirla, es llegar lo que genera el mayor impacto. Desde que dejé mi hogar hace una hora no he parado de moverme. Las suelas de mis zapatos tienen muchas historias que contar y el carro echa humo como un impulso creativo irrefrenable que improvisa las vías del tren sobre el paisaje. Acabo de aterrizar.

Soy un puesto de poesía. Soy una oficina poética. Soy un burdel poético. Soy una proposición inconsciente. Soy un títere de letras, un héroe, un incomprendido recibiendo dinero por hacerse comprender. Keep calm and become a poem. Soy Don Quijote en una discoteca. Soy la caricia sobre la rutina, el oasis de un náufrago, el abrigo de un abrazo… voy muy ciego de poesía y el murmullo de la multitud me anuncia que estoy solo.

Las piedras están vivas solo que no tenemos tiempo para verlo. Lo previsto se deshace como un mendrugo de pan en un estanque de patos y a mí no se me ocurre otra cosa que lanzarme. Los límites presumen de quedarse quietos pero luego son los primeros que se arrancan. La máquina de escribir me hace la compañía del fuego en plena naturaleza, escucho el crepitar de las letras.

Todos los rostros tienen algo en común aunque no se den cuenta. Hay una señora anciana que infla globos con forma de espada y se los ofrece a los niños. Los padres los rechazan o lo sienten o los pagan. Un euro-venga-es divertido-sí. Los niños no se dan cuenta de que su globo depende de cuanto insista una anciana a sus padres. Pero no ves que estás asustando a la gente, le digo. Tú no entiendes chico, llevo vendiendo espadas más de 20 años. Yo sé lo que quieren los niños, me contesta y se marcha altiva inflando una espada. Hubo una vez en que los colores podían con todo y no entendíamos de tiempo. La poesía trata de volver a ese estado de ánimo. Tan solo hace falta un rato para mirar a alguien a los ojos y darte cuenta de que eres tú. De tanto observar he aprendido el idioma de las nubes. Voy a escribir un hogar en plena calle.

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Texto: Alejandro Panés

Fotos: Paula Díaz

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